Los hombres y los gatos disfrutan de una relación simbiótica desde hace miles de años, al punto que hoy son la mascota más elegida en todo el mundo, por encima de los canes. Estos pequeños tigres, ¿cuándo abandonaron la vida silvestre y se dejaron acariciar por primera vez por los humanos?

Gato-Montes

Los más recientes hallazgos, publicados en Proceedings of the National Academy of Sciences, indican que los gatos han sido nuestros compañeros desde hace al menos 9 mil años. Todos los gatos semidomésticos descienden de un gato salvaje del Medio Oriente: el Felis silvestris, que literalmente significa “gato del bosque” pero que conocemos como “gato montés“. Los gatos fueron domesticados por primera vez en el Oriente Próximo.

El gato y los roedores
Probablemente los humanos acogieron a los gatos porque éstos controlaban a los roedores que consumían sus cosechas de grano, según algunos investigadores. Era una relación fructífera para las dos partes: los humanos se deshacían de la plaga de roedores y los gatos se daban un festín con ellos. Pero otros investigadores creen que además los gatos se domesticaron a sí mismos. Se “invitaron a pasar” y, con el tiempo, mientras la personas los favorecían con premios más dóciles, caricias y alimento, algunos gatos se adaptaron a este nuevo ambiente y produjeron las docenas de las razas de gatos domésticos que conocemos hoy.

Más allá de los mitos y leyendas que corren en torno a los gatos, se sabe con certeza que los egipcios los veneraban tanto que incluso implantaron la pena de muerte a quien matara un gato, y los gatos también eran momificados antes de enterrarse. Se cree que los gatos de pelo corto se esparcieron desde Egipto y los de pelo largo desde Turquía e Irán. Otras civilizaciones antiguas comenzaron a domesticar al gato y lo llevaron a Italia, donde lentamente la especie se esparció por toda Europa hasta que eventualmente llegó al Nuevo Mundo junto con los peregrinos.