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David García Mora, un niño de 12 años, lloraba desconsoladamente en la unidad de medicina interna en Nicklaus Children’s Hospital, en Miami, Estados Unidos, hasta que entró Honey Bear.

Honey Bear, un perro pastor Shetland de siete años, es uno de 20 perros de terapia que visitan Nicklaus todas las semanas, consolando a niños, ayudándolos en su recuperación.

perro asistencia3Luego de acariciar y abrazar al perro, David, de 12 años, se calmó. Se puso a hablar, salió de la cama y se puso a caminar por la habitación llevando a Honey Bear por su correa. “Me encantan los perritos”, le dijo al abuelo.

David es uno de muchos niños a los que visita Honey Bear con su dueña Linda Tartak, en Nicklaus desde hace dos años.

“Tengo cuatro nietos así que es muy difícil para mí cuando veo a niños con dolor o con tubos por dondequiera”, dice Tartak. “Pero cuando ves la satisfacción y lo contentos que se ponen al ver a un perro vale la pena”.

Al otro lado de la ciudad, Lady, un Doberman Pinscher de 11 años y la voluntaria de terapia Blazina Zorilla, dan rondas visitando a pacientes de Holtz Children’s Hospital en el Jackson Memorial. La pareja ha sido voluntaria en el hospital desde hace cuatro años y medio.

“Disfruto de venir aquí, ayudar a los niños, verlos sonreír”, dice Zorrilla. “Lady lo disfruta también. La emoción de dar a los niños algún alivio, hasta los padres lo aprecian mucho. Me encanta hacerlo”.

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Iris Golding, abuela de Dominic, paciente de trasplante de cuatro años de edad, dice que su nieto y los padres esperan las visitas de Lady.

“Todo padre y abuelo desea ver que un niño enfermo se ilumine cuando está contento”, dice Golding. “Y si un perro los hace felices, entonces que así sea”.

Tanto Nicklaus como Holtz incorporan la terapia con mascotas para aliviar el dolor del paciente, aun cuando sea solo por algunos minutos. “Para los niños que no quieren salir de la cama luego de una cirugía o que están recibiendo un tratamiento difícil, es un aliento porque pueden sostener la correa y pasear un poco al perro”, dice Lynn Heyman, directora de recursos voluntarios en Nicklaus.

El Dr. Brandon Korman, director de neuropsicología en Nicklaus, dice que la terapia con mascotas puede tener efectos duraderos en la salud de un niño. “Cada vez que tenemos interacciones positivas con animales o con humanos, hay una cascada de reacciones moleculares en el cuerpo”, die Korman. “Se libera dopamina con un sentido de euforia. Se liberan encefalinas, que son primas de las endorfinas pero mucho más rápidas y reducen el dolor. Además de las sensaciones positivas que usted recibe, hay estimulación del sistema inmunológico y los glóbulos blancos entran en acción. En esencia, tener a estos animales en el hospital los ayuda a sentirse mejor en ese momento pero, indudablemente, hay consecuencias beneficiosas a largo plazo”.

Stephani Tinoco, de 19 años, paciente de perlesía cerebral en Holtz, ha estado viendo a Lady intermitentemente durante dos años. Ella dice que espera las visitas ya que su Chihuahua no puede venir al hospital. “[Lady] se para al lado de la cama para que pueda acariciarla”, dice Tinoco. “Me hace sentir feliz”.

La terapia con mascotas no solo ayuda a los pacientes. Beda Martínez, especialista de vida infantil en Holtz, dice que las visitas de Lady hacen que pueda disfrutar más su difícil trabajo.

Los perros de terapia pasan por un entrenamiento extenso y clases de obediencia antes de que se les permita visitar hospitales. Deben tolerar que muchas personas toquen su cara, boca, rabo y espalda. Tienen que seguir órdenes y mantenerse en calma cuando escuchan sonidos altos. No pueden ir al baño en el hospital o brincar en las camas. Cada perro está certificado por el American Kennel Club y por el hospital.

Heyman, directora de voluntarios en Nicklaus, dice que algunos perros tienen personalidades perfectas. “Hay ciertas personalidades en perros que son fantásticas para terapia con mascotas”, dice Heyman. “Perros que se involucran pero no se sobrepasan, porque si no sería muy abrumador cuando vienen a donde los niños”.

Breanna Cano, de 16 años y paciente de Nicklaus, dice que los perros como Honey Bear proveen algún alivio en una situación difícil. “A muchos niños les gustan los animales así que es reconfortante”, dice Breanna.

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